Momento 2. La expansión urbana y el derribo de las murallas

En este bloque descubrirás cómo las antiguas ciudades amuralladas se transformaron en ciudades modernas y abiertas. Durante el siglo XIX, la industrialización, el aumento de la población y las nuevas ideas sobre higiene y salud cambiaron por completo la forma de vivir en la ciudad. Derribar las murallas no fue solo quitar un muro: significó romper un límite físico y social y comenzar una nueva etapa de crecimiento, con calles más amplias, espacios verdes y nuevos barrios planificados.

Verás que las murallas dejaron de tener función militar y empezaron a ser un obstáculo para el comercio, el transporte y la expansión. Los nuevos planes de ensanche —como el Plan Castro en Madrid o el Plan Cerdà en Barcelona— diseñaron ciudades más ordenadas y modernas, pero también marcaron diferencias sociales: zonas elegantes para la burguesía frente a barrios más humildes en la periferia.

A lo largo de este bloque aprenderás a observar cómo cambió la forma y la vida de las ciudades, y reflexionarás sobre qué significa “progreso” en el espacio urbano

A comienzos del siglo XIX, muchas ciudades españolas y europeas seguían encerradas en sus viejas murallas. Estas habían perdido su función militar tras la generalización de la artillería moderna, pero todavía marcaban con fuerza los límites físicos y sociales del espacio urbano. Dentro de los muros, el crecimiento demográfico y económico producía hacinamiento, insalubridad y falta de vivienda, mientras que extramuros se extendían barrios precarios sin planificación.

La llegada de la Revolución Industrial agudizó este problema. Las ciudades comenzaron a recibir una gran población obrera, atraída por las fábricas y los servicios, y se hizo evidente que las murallas eran un obstáculo para el comercio, la movilidad y la modernización. A esta presión se sumó la influencia de los movimientos higienistas, que defendían que el aire, la luz y el espacio abierto eran claves para combatir epidemias como el cólera. El derribo de las murallas fue visto como una medida necesaria para la salud de la población y como un gesto de modernidad.

Causas del derribo de murallas

El derribo de las murallas urbanas en el siglo XIX obedeció a múltiples factores combinados:

  • Militares: las murallas eran ineficaces frente a la artillería moderna, por lo que habían perdido su función defensiva.
  • Demográficas: el crecimiento poblacional dentro de los recintos amurallados provocaba hacinamiento, falta de vivienda y deterioro de las condiciones de vida.
  • Económicas: los muros dificultaban el comercio, el transporte y la circulación de mercancías. Su desaparición facilitó la conexión con ferrocarriles, carreteras y nuevos mercados.
  • Higiénicas: la influencia de las ideas higienistas impulsó el derribo como medida sanitaria, para permitir ventilación, luz y espacios abiertos que previnieran epidemias.
  • Ideológicas y políticas: las murallas eran vistas como un símbolo del pasado. Derribarlas significaba apostar por el progreso, la modernidad liberal y el poder de la burguesía.

De esta forma, muchas ciudades españolas derribaron sus murallas y planificaron ensanches: barrios nuevos diseñados con criterios de orden, racionalidad y progreso. Estos ensanches respondían al ideal burgués de ciudad moderna, pero al mismo tiempo reflejaban desigualdades: mientras que las clases altas disfrutaban de viviendas amplias en avenidas ordenadas, los barrios obreros crecían de manera densa y con menos servicios en la periferia. 

El Plan Castro y el Ensanche de Madrid (1860)
Madrid estaba rodeada por la Cerca de Felipe IV (1625–1868), un recinto de carácter fiscal más que militar. Con el crecimiento demográfico y la industrialización, la cerca se convirtió en un obstáculo que favorecía el hacinamiento y la insalubridad.

En 1860, el ingeniero Carlos María de Castro diseñó el Proyecto de Ensanche de Madrid. El plan proponía:

  • Un trazado reticular con manzanas cuadradas y calles anchas.
  • Grandes bulevares y plazas circulares en los cruces principales.
  • La incorporación de espacios verdes y equipamientos modernos.
  • Una organización social implícita: barrios lujosos como el de Salamanca para las élites, y zonas más modestas para trabajadores.

El Plan Castro representó el inicio de la ciudad moderna en Madrid, pero su aplicación estuvo condicionada por la especulación inmobiliaria, que redujo la calidad de muchas viviendas y acentuó la segregación social. Su huella sigue visible hoy en barrios como Salamanca, Chamberí o Argüelles.

Ensanche de Madrid: anteproyecto

Recursos sobre Madrid

Ensanche de Madrid: anteproyecto. Plano general de la zona de Ensanche y del emplazamiento y distribución del nuevo caserio, …

1861

Ante proyecto de distribución de manzanas en el nuevo barrio de la Montaña del Principe Pio

1865

Ante proyecto de distribución de manzanas destinadas a la edificación en el Real Sitio del Buen Retiro

1865

Ante proyecto de reforma en la cuenca de la calle de Segovia

entre 1850 y 1899?

El Plan Cerdà y el Ensanche de Barcelona (1859)

La situación de Barcelona era aún más grave: sus murallas medievales provocaban hacinamiento, falta de ventilación y epidemias. Tras fuertes presiones ciudadanas, en 1854 se autorizó el derribo de las murallas y en 1859 se aprobó el Plan Cerdà, diseñado por el ingeniero Ildefons Cerdà.

Sus propuestas eran innovadoras y visionarias:

  • Cuadrícula regular con manzanas de 113 metros de lado.
  • Chaflanes en las esquinas para mejorar la visibilidad y la circulación.
  • Calles amplias y rectas, pensadas para la ventilación y el tráfico del futuro.
  • Distribución de espacios verdes en cada manzana.
  • Una concepción socialmente equitativa: Cerdà aspiraba a una ciudad sin barreras entre ricos y pobres.

Aunque la práctica desvirtuó el proyecto —los intereses privados redujeron las zonas verdes y convirtieron el ensanche en un espacio esencialmente burgués—, el Eixample sigue siendo uno de los ejemplos más influyentes del urbanismo europeo y constituye hoy uno de los paisajes urbanos más reconocibles de Europa.

Proyecto original del Plan Cerdá (Museu d'Historia de la Ciutat, Barcelona)

Recursos sobre Barcelona

Teoría general de la urbanización, y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona

1867

Plano del Puerto de Barcelona 

1855

Ensanche de Madrid y Barcelona :Ley aprobada por las Cortes y sancionada por S.M. en 26 de julio de 1892 y Reglamento para su aplicación de 31 de Mayo de 1893

1911

Cerdà

Generalitat de Catalunya- Departament d’Innovació, Universitats i Empresa

 

Otros ensanches en la geografía española

Aunque los casos de Madrid y Barcelona son los más conocidos, el fenómeno de los ensanches urbanos se extendió por toda la geografía española en la segunda mitad del siglo XIX. Muchas ciudades, grandes y medianas, impulsaron proyectos para ordenar su crecimiento tras el derribo de las murallas, adaptarse al auge de la industria y responder a las demandas higienistas y burguesas. Cada ensanche reflejó las particularidades de su contexto, pero todos compartieron el objetivo de transformar la ciudad tradicional en un espacio moderno, abierto y funcional.

Entre estos ensanches destacan, por ejemplo, los de Bilbao, Palma y León. El Ensanche de Bilbao (1876), obra de Severino Achúcarro, Pablo Alzola y Ernesto Hoffmeyer, respondió al fuerte crecimiento industrial y portuario de la ciudad. Se organizaba en torno a un trazado ortogonal con manzanas regulares y tenía como eje la Gran Vía, concebida como avenida central de la nueva ciudad burguesa. El ensanche bilbaíno plasmó con claridad la segregación social: mientras que las élites ocuparon los nuevos barrios amplios y elegantes, la población obrera quedó relegada a periferias densas y con peores condiciones. Un recurso de gran valor para trabajar este caso es El Ensanche de Bilbao: colección de recortes de periódico (entre 1871 y 1893), recopilada por Pablo de Alzola y Minondo, que permite acceder a la visión contemporánea de la época y al debate social que se generó en torno al proyecto.

Proyecto de ensanche de la villa de Bilbao

El Ensanche de Palma (1892), en cambio, muestra cómo estas transformaciones también alcanzaron a ciudades de tamaño medio. El documento La ciudad de Palma: su industria, sus fortificaciones, sus condiciones sanitarias y su ensanche reflejaba la preocupación higienista de la época: además de ampliar la ciudad más allá de sus murallas, se proponían viviendas salubres, con ventilación, luz y patios interiores. Este ensanche vinculaba de forma explícita la modernización urbana con la mejora de la salud pública y el bienestar ciudadano.

Plano de Palma 

Por su parte, el Ensanche de León (1889–1892), recogido en la Memoria presentada al Excmo. Ayuntamiento de León con motivo de las reformas iniciadas para el mejoramiento y ensanche de esta ciudad, pone de relieve cómo incluso ciudades alejadas de los grandes centros industriales se sumaron a esta corriente de modernización. El plan incluía un plano detallado de la ciudad, en el que se proyectaban mejoras de infraestructuras, ensanchamiento de calles y la creación de un tejido urbano más regular. En León, como en otros lugares, el ensanche buscaba no solo resolver problemas de espacio, sino también dar una imagen de ciudad moderna y en sintonía con las transformaciones nacionales.

Plano de la ciudad de León (1792)

Estos proyectos, junto con los grandes modelos de Madrid y Barcelona, muestran que el fenómeno de los ensanches fue común a toda la geografía española, con soluciones locales a un mismo desafío urbano.

El derribo de las murallas en el siglo XIX no fue solo la desaparición de un elemento arquitectónico, sino la expresión de una nueva forma de entender la ciudad. Los ensanches transformaron la fisonomía urbana, introduciendo calles amplias, barrios burgueses y espacios públicos, al tiempo que revelaban las desigualdades sociales de la modernidad. Casos como el Plan Castro en Madrid o el Plan Cerdà en Barcelona, junto con ejemplos en ciudades como Bilbao, Palma o León, muestran que este proceso fue general en la España contemporánea y que cada ciudad buscó adaptarlo a sus necesidades y aspiraciones.

En definitiva, el derribo de las murallas marcó el paso de la ciudad cerrada y defensiva a la ciudad abierta y expansiva, símbolo de progreso y modernidad, pero también escenario de tensiones sociales y urbanísticas que seguirán analizándose en el siguiente momento.

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